De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el maltrato infantil consiste en toda clase de abusos en contra de las personas entre 0 y 17 años de edad. Incluye el maltrato físico y psicológico, abuso sexual, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que puedan causarles daño a la salud y a su desarrollo integral.

La prevención de la violencia que les afecta y la respuesta se basan en la adopción de medidas sistemáticas para enfrentar los factores de riesgo y proporcionarles protección en cuatro niveles interconectados; individual, relacional, comunitario y social.

  • Factores de riesgo a nivel individual. Incluyen aspectos biológicos y de la historia personal de niñas, niños o adolescentes como sexo, edad, educación, discapacidad y trastornos psicológicos, entre otros.
  • Factores de riesgo a nivel relaciones interpersonales. Entre las diferentes situaciones están: la carencia de vínculos afectivos, prácticas de crianza deficientes, la disfunción y separación familiar.
  • Factores de riesgo a nivel comunitario. Son todas aquellas características de los entornos como escuelas, lugares de trabajo y comunidades que aumentan el riesgo de violencia. Entre estas características se encuentran la pobreza, la alta densidad de población, los entornos físicos peligrosos o los índices altos de delincuencia.
  • Factores de riesgo a nivel social. Son normas que crean un clima en el que se fomenta la violencia o se considera como algo normal. Estos factores pueden abarcar políticas de salud, económicas, educativas y sociales que mantienen las brechas de desigualdad económica, de género y social, así como deficiencias en la protección social inexistente o inadecuada por parte de las autoridades de los tres órdenes de gobierno.

La violencia en la niñez es un problema multifacético de manera que debe afrontarse simultáneamente:

  • Buscar información acerca de crianza positiva. Cuando las familias reciben educación acerca del desarrollo de niñas, niños y adolescentes aumenta la probabilidad de que empleen métodos de crianza positivos y trato amoroso.
  • Ayudarles a hacer frente a riesgos y desafíos. Para reducir la violencia en las escuelas y comunidades es fundamental darles los conocimientos necesarios y promover las aptitudes positivas para resolver situaciones de riesgo sin recurrir a la agresión.
  • Modificar actitudes y normas sociales que fomenten violencia. Se debe educar a hijas e hijos para ser personas con límites y enseñarles a expresar sus sentimientos cuando estén en desacuerdo con algo.
  • Promover la búsqueda de apoyo de profesionales. Alentarles desde su edad temprana a buscar y localizar ayuda de personas psicólogas o especialistas cuando se susciten incidentes de violencia para que se sepan manejar y controlar sus emociones.
  • Conocer e investigar acerca de los generadores de violencia. Adquirir conocimientos acerca de dónde ocurre y factores que la originan, lo que resulta útil para diseñar estrategias dentro y fuera del hogar para mitigar conductas y actitudes que agredan a las demás personas.

Es un trabajo titánico, más no imposible si se buscan las herramientas y recursos para reducir la violencia. Sin embargo, es una labor que corresponde monitorear a madres, padres, personas cuidadoras, docentes y autoridades de los tres órdenes de gobierno, con corresponsabilidad, para actores de conductas de NO violencia para niñas, niños y adolescentes.